miércoles, 6 de septiembre de 2017

Verano

Febrero 2014

Ya falta poco para que acabe el verano, lo que significa que los días malos terminarán también.

Quisiera decir que vivo estas semanas peleando contra el mundo, pero seguramente ni es una lucha interna, ni de agentes independientes dentro, es una lucha muy cruel contra mí misma. 

Todo el verano tiré golpes, comencé dando cachetadas y terminé tirando puños, encajándome las uñas en las partes más frágiles de mi mente. Ahora, ya sin tanto odio sólo estoy adolorida del vil maltrato.

Volví a ver a alguien a quien amé y también podría inferir que sufrí en esa rápida visita, en esa noche de abrazos y besos y pies calientes. Pero sólo fue el pretexto para lanzarme otro golpe y oh cuánto sufrí porque hundí el dedo en mi corazón con la intensidad que de antemano sabía no soportaría, dolor suficiente para regresar lloriqueando en el autobús.

Ahora, es septiembre y estoy en el piso, rodeando con las manos las rodillas de mi alma. Tenía tanto por escribir pero temo llover, porque penosamente soy ese tipo de persona. 

Navegando en un mar a contracorriente, entre olas de prejuicios, de miradas intolerantes, de criterios mediocres.

También me prometí no volver a tomar fotos, no creo cumplirlo, aunque a nadie le importe, aunque a nadie le guste, aunque sea una boba queriendo decir algo a través de imágenes innecesarias a estas alturas de la historia del mundo. ¿Será porque creía que vivía en otra época? En la misma época en que también sería ignorada, como un fantasma para el que no hay una habitación para existir.

Afortunadamente ya cumplí un mes sin hacer una sola fotografía. 

Pero ahora, con sólo voltear la mirada hacia la derecha tengo a la más hermosa mujer de este tortuoso verano.

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