viernes, 26 de abril de 2019

Solo de una cosa me avergüenzo

Me he formado esta percepción de la mujer que habla de todo sin tapujos ni remordimientos, pero al final sí hay algo que me avergüenza, más que eso: me dan ganas de morirme de tan solo saber mi condición.

Trato de convencerme a menudo de que la razón por la que desapareció mi libido fue por ver de nuevo a G. hace dos años pero es falso, mi deseo disminuyó conforme me di cuenta que la persona a quien romanticé tanto tiempo como mi padrino sexual fue en realidad mi abusador, ese pedófilo, y no me percataría de ello si Hugo no hubiera muerto.

El caso es que desde hace casi veinte años empecé la absurda y frenética carrera de ir detrás de cada experiencia sexual que se me presentara, muy en vano. Me llevó años sentir ¡sentir! algo, otros más identificar placer, otros años y una veintena de amantes hallar un ápice de éxtasis.

A los veinte años tuve el primer orgasmo con mariguana, a los 28 el primer ¡primer! orgasmo en la vida sin mariguana. Ya lo estoy diciendo: soy anorgásmica. No vengan a subestimar mi diagnóstico con la idea de la masturbación, lo he intentado desde pequeña y no suceden los orgasmos. No es que no me sepa masturbar si no ¿con cuáles dedos y con cual destreza creen que se han venido en segundos las mujeres con las que he estado?

Nunca he llorado frente a mis amantes, nunca he reventado la rabia que significa coger como quien está prestando un generoso servicio social, nunca me he quitado la máscara de la mujer gozante e impúdica porque preferí montar y no soltarme de la mano hasta conseguir un intento estéril de acercarme al clímax, por supuesto en ese intento hay matices que se disfrutan, que me hacen gemir, desbordarme quizá y proseguir incansable para jamás llegar.

Más de cuarenta amantes, para ser precisos he contado hasta 37 pero ya sé cómo se las gasta mi memoria por eso no sólo redondeo las decenas sino les aumento un descarado indefinido.

Detesto que la claridad me llegue con muchos años de retraso, lamento traer de nuevo a G. pero desde que se lo comenté siento que lo ha usado a su favor para merecerme lástima hasta el punto de no deberme ningún interés o gesto sexual cuando cogemos, como si yo estuviera muerta. No lo disculpo, es más ya no quiero volver a verlo, su cinismo me lastimó terrible.

Del no tener orgasmos, de no experimentar placer en años y cuerpos apilados en mi piel estoy en un punto en el que carezco de deseo sexual, aunque existan personas que amo, que me gustan o que anhelo.

Quiero dormir y que me despierten cuando se hable de la anorgasmia sin tabús.

jueves, 18 de abril de 2019

martes, 16 de abril de 2019

me estoy hundiendo en los ríos de este párrafo.

A esta alturas ya tengo la misma debilidad por tu persona que por tus nalgas. Me prometo por treceava vez ya no verte, ahora sí, espero. Te di besos negros, te masturbé y te hice sexo oral. Quedaste híper sensible, cogimos, te viniste en un condón como hace años no lo hacías. Ni siquiera me diste las gracias, esta claro que mi placer es un asunto que no tiene cabida entre nosotros. Acostados te dije que te quiero bastante, levantaste la cabeza sobre tus manos, fingiste sorpresa y lo soltaste: oh, vaya, tienes un sentimiento hacia mi. Me fui a llorar a tu baño y después al sofá para que no me vieras, y pues sí, no te diste cuenta. Entre tu cinismo y mi falta de amor propio me estoy rompiendo en cachitos y en lágrimas en un blablacar. Aún así cada cachito te sigue queriendo.
¿Sabes cómo sé, a pesar de esta última vez, que no tengo remedio? Porque también comprobé que todo lo que se dijo de ti era verdad. Solo respetas a las mujeres que admiras y valoras y eso no es respetar a las mujeres, y bueno, a mí ni una ni otra cosa.

sábado, 16 de marzo de 2019

Mis papás son demasiado buenas personas, punto.
Solo Ive heredó su bondad, Mercedes no es mala persona pero es capricornio. Jorge es un ególatra que perdió su juventud. Yo no sé qué soy.

domingo, 10 de marzo de 2019

Carlota

Llevo dos días con la quijada lastimada y con leve dolor: le hice sexo oral a una chica y hace por lo menos tres años que no lo practicaba. Fue la chica más blanca con la que intimado, casi estoy segura. Blanca de su piel hegemónica, blanca del nombre, de su apellido, de la ciudad de donde viene, de su acento y su forma de gemir, su mirada perdida en dos hermosos abismos verdes, su cabello: hilos de oro en mis dedos mestizos.
En el punto más alto de su calentura dijo “¿te voy a volver a ver?” No creo que tal cosa suceda.

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