jueves, 22 de noviembre de 2018

mi ciudad natal es un lugar de sobrevivientes.
Ernesto yo te quiero escribir un poema.

Un año eres mi navidad, otro mi día de muertos y otro mi trayecto en autobús amenizados con tus erecciones.


Me avergüenzo de mis ojos cerrados


Texto publicado originalmente en El Periódico de las Señoras

Antier volvimos de Gotemburgo.

No desaproveché ninguna oportunidad de comer roles de canela.
Fui a muchos lados y también fui a la Feria del Libro de la ciudad: un mar de gente.

Lamento llegar tan tarde a comprender lo que es una feria del libro por no haber asistido a una antes, y darme cuenta que no es un evento sobre literatura sino sobre la obviedad: libros. Libros de cocina, libros de viajes, libros de resistencias civiles, libros infantiles, libros de novela gráfica, libros de plantas, libros de animales, libros de youtubers, libros de todo.

Entonces busqué algo relacionado con literatura y el stand más destacado era un oasis llamado Rámus que tenía ediciones, muy lindas y en idioma sueco, de Marguerite Duras, Anne Sexton, Sylvia Plath, Georges Perec, y casi todos los de Valeria Luiselli, incluyendo Tell me how in ends, el libro con el que ganó el American Book Award este año (por american se refiere a Estados Unidos, ajá) convirtiéndola en la primera mexicana en obtenerlo.

El título en español es Los niños perdidos. Hace dos años asistí a una conferencia donde la autora afirmaba que habría una versión y no traducción, es decir que al final se trataría de dos libros distintos, uno en inglés y otro en español, pero ahora que googleo Los niños perdidos sí es efectivamente una traducción, es decir el mismo libro.

Este título no era mi primera opción pero al final se convirtió en la única: absolutamente todos los libros es el stand estaban en sueco, parece obvio, y la desolada excepción era Tell me how it ends. Lo compré.

Lo que no he dicho es que sí soy bien fan de Valeria Luiselli, de sus Papeles falsos y Los ingrávidos, que me decepcioné cuando sacó aquella columna cargada de privilegio donde escribió que el feminismo actual le daba pereza y la hacía bostezar, pero después me pregunté ¿quién soy para sentirme decepcionada? y seguí mi camino.



En el condominio donde vivimos mes y medio sacábamos ¿cita? para usar la lavandería y generalmente la programábamos para el horario de las 10 de la noche a la 1 am para que no interfiriera con ningún plan en el día. La pequeña casita que era la lavandería consistía en 4 cuartos con dos o tres lavadoras y con una o dos secadoras para usar a destajo. Las máquinas solo se encendían con la llave que debías tener de tu edificio, el monitor te mostraba cuantos minutos faltaban para que pasaran las líneas del tranvía: la 8, la 4 y la 9; el clima de todos los días de la semana y más cosas que no era capaz de entender en sueco. Este fue mi encuentro más cercano con la domótica, la que sí es útil vaya, no la que sirve sólo para cambiar de canción en spotify o para regular la intensidad luz de las lámparas.

La mayoría de la gente que iba a lavar eran mujeres y la mayoría de esas mujeres eran de Somalia. En la lavandería apenas intercambiaba palabras con alguien, hay más probabilidad de que una termine hablando con las lavadoras que con un vecino. Lamenté mucho mi torpeza para iniciar y mantener conversaciones, cualquiera que haya hecho match conmigo en Tinder sabe perfectamente de lo que hablo. En fin, uno se queda con la idea de que en ese país, Suecia, los migrantes y refugiados parecen ser tratados con dignidad y viven mejor de lo que aspira la clase media mexicana. Parece, dije.

El penúltimo domingo allá fui a hacer la lavandería en el horario habitual y me cargué el libro de Luiselli, el ensayo en cuarenta preguntas, para aprovechar las tres horas entre ciclos de lavado y secado. Casi lo terminé. Coyuntural es la palabra más acertada para calificarla, para los tiempos de Trump; pertinente para mi estancia en un barrio habitado en su mayoría por refugiados: Hammarkullen. El libro es brillante, esclarecedor, para evidenciar mi ignorancia como mexicana (?) acerca de la ola de niños indocumentados hacia el gabacho. Se sabe que a veces una sólo es consciente de lo que la oprime. Me avergüenzo de mis ojos cerrados.

Las cuarenta preguntas del ensayo son las del cuestionario usado en la corte federal de inmigración de Nueva York para entrevistar a los niños migrantes, mayormente centroamericanos, que llegan solos a Estados Unidos. Dependiendo de las respuestas se resuelve la situación de los niños: si son deportados o si su caso será tomado por un abogado para librar una batalla legal con la opción de quedarse en ese país como refugiado.

Valeria Luiselli trabajó en esa corte como intérprete aplicando el cuestionario y traduciendo las respuestas de los niños del español al inglés. Tras esa experiencia puso sus observaciones, análisis y algunas historias sobre la crisis migratoria o crisis de refugiados en un ensayo, que es este libro.

Entre las historias, la data y los comentarios, la parte más escabrosa es cuando la autora señala que las peores experiencias que sufren los niños durante su camino suceden cuando atraviesan el territorio mexicano: el ochenta por ciento de las mujeres y niñas que cruzan nuestro país para llegar a Estados Unidos son violadas, más de diez mil indocumentados secuestrados en un intervalo de seis meses, alrededor de 120 mil migrantes desaparecidos en su paso por México del 2006 para acá.

En alguna otra parte dice algo como: ya sabemos qué hacen los gobiernos de Estados Unidos y México, qué hacen los cárteles y el crimen organizado, qué hacen los padres, pero ¿qué hace la comunidad al respecto?
Evidentemente su trabajo era más que preguntar y traducir, debía ante todo escuchar y construir una narrativa que favoreciera al niño migrante. ¿Cuándo termina la traducción y cuándo empieza la interpretación? también dice.
Me faltaban pocas páginas para terminar de leer cuando tuve que sacar las dos tandas de ropa de la secadora. A través de la ventana de la puerta del cuarto de lavado veía a una mujer somalí con su obligado velo concentrada en una llamada telefónica.

Toda mi admiración por la bondad sueca al recibir refugiados se me derrumbó al darme cuenta que hay un problema más gordo frente a mis narices mexicanas, antes de asombrarme por algo que se desvaneció como un sueño tan pronto volví a México; sí así, porque decir que volví a Querétaro me pone triste.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Apuntes desde Gotemburgo

Martes, 28 de agosto de 2018

Después de las primeras horas de vuelo y en las primeras siestas empecé ya somnolienta a sentir mi cuerpo sumamente pesado, no de gordura o fatiga, sino pesado en densidad, como si mis huesos fueran de metal y mis extremidades una extensión de los asientos. Cuando ponía una pierna sobre otra, la que estaba debajo dolía por el peso de la otra como si tuviera un fierro encima y no precisamente una pierna, que en este punto ya ni sentía. Los brazos me caían sobre el cuerpo como una máquina metálica. Hasta que empecé a tocarme la carne y a hundir las yemas de los dedos en la piel fue cuando poco a poco fui abandonando esta ilusión.

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Desde ayer estamos en Hammarkullen, me cuesta asombrarme desde que das por sentado que todo es distinto y admites todas esas diferencias sin cuestionarlas. Aparentemente estamos en un barrio marginado, habitado por sirios y somalíes; pero las casas, las áreas verdes, los muebles, el piso, el apartamento, la luz, los acabados de la cocina, la pequeña terraza, el papel tapiz color pastel en las paredes, el baño con una tina cálida y la pulcritud y la tranquilidad en general en este departamento es mucho mejor que cualquiera de clase media en México. Vaya, estoy viviendo en un barrio pobre aquí y supera todas mis posibilidades de vida.

Cuando supe que no tendría internet en el departamento creí que sería triste y aburrido, pero en realidad no tenerlo es lo más fino que me ha sucedido. Las horas pasan a veces lento, sobre todo cuando amanece y estoy despierta desde las 4 de la mañana y hasta las 5:30 empieza a amanecer, pero una vez a partir de las 10 el tiempo acelera desmedido y en pocas actividades el día ha acabado, se supone debo entender que es debido al cambio de latitud y horarios pero no creo que solo sea eso estrictamente. 

Nando ya lo había dicho: tendrás la vida que nunca has tenido en México. Y tenía razón, aún cuando tenemos una cantidad ridículamente austera en nuestros bolsillos, menos de 200 euros.

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No hemos comido en la calle, porque no nos alcanza, compramos un súper ayer que nos durará si acaso unos cinco días. Al comprar los precios son bastante razonables dada la calidad de los productos. Compramos el café más barato que es de la marca propia de la tienda (Ica) y es increíblemente bueno, de molido muy fino, por la mitad de lo que cuesta cualquier café en México y ahora lo sé: de calidad inferior, por lo tanto también me di cuenta que las cafeteras de goteo que tanto desprecio acá ya tienen razón de ser porque pues este sí es un café bueno.

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Pese a que generalmente me manejo en un nivel insoportable de misantropía, he pensado, he deseado tener una amiga acá, con la pueda sonreír más y entusiasmarnos por tener gustos en común, no sé si lo consiga. Tal vez abra tinder, cuando esté conectada a una red.

Ayer fuimos a dos second hands, los precios son elevados porque eran en el mero centro, pero el apartado de vintage se mantenía en el mismo estándar que lo usado más contemporáneo, entonces ya no era tan tan caro, y algunas secciones de estas tiendas eran la inspiración de la tienda que quiero tener un día. No compré nada, pero cuando tengamos algunas coronas en las próximas semanas seguro volveré por un vestido de los setentas, cuestan el equivalente a setecientos pesos.

Todavía no me llega el asombro pleno de la arquitectura, de la luz, de la gente, de las calles y el transporte, porque quizá ayer aún estaba muy cansada del viaje, y por lo tanto no tomé una sola foto con el celular, me detesto un poco, quisiera ser esa persona que aprecia con entusiasmo cada rincón y empieza a fotografiarlo. Pero esa no es la perspectiva de la fotografía que me importa, como quiera esperaré a tener dinero para comprar rollos, ya pregunté los precios en photo japan, son caros pero tienen portra 160 en 35mm :)

Entonces pretendo hacer esto: a la p&s olympus stylus le pondré un fuji 200, a la pentax k1000 un portra y a la nikon f un tmax 400.

Y luego, como es costumbre, esperaré paciente a que algo despierte mi interés y vaya disminuyendo mi apatía, sin mencionar que desde México me vine ligeramente deprimida. Aquí es cuando me pregunto ¿si fuera otra persona estaría gritando ¡hurra! de felicidad por este evento: viajar a Europa? Yo no lo estoy haciendo, pero no soy infeliz tampoco. Nunca había salido del país y aún así días antes de emprender el viaje solo me cuestionaba el capitalismo, y cómo viajar en estos tiempos del consumo nos transforma a las personas automáticamente en mercancías para las aerolíneas y para los países destinos, sin mencionar que los viajes trasatlánticos son penosamente contaminantes para el ambiente. Las anteriores no son ideas propias, lo leí del filosofo chino Byung-Chul Han que está tan de moda actualmente como lo estuvo Lipovetsky, e insiste mucho en el tema de la explotación personal en términos de productividad capitalista. 

Además, tiene bastante sentido, no olvidemos que casi fuimos los publicistas quienes hemos inventado esa fantasía alrededor del hecho de viajar: viajar es lo máximo, menos hijos y más viajes, la satisfacción, la experiencia y el aprendizaje de vida al viajar, y conocer y explorar y vivir a través del mundo y qué tan lejos vas cada vez que viajas, y bla bla bla, toda esa felicidad que envuelve el disfraz de viajero por el mundo, únicos y diferentes, como los emprendedores pues: otros insufribles.

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Viernes, 31 de agosto de 2018

En los primeros cuatro días en Gotemburgo fui a siete second hands y son maravillosas. Los muebles son increíblemente bellos y funcionales y baratos. Con dos mil coronas suecas podrías acondicionar un departamento, por ejemplo vi el librero que me gustaría para mi pequeñísimo departamento en México por cincuenta coronas.

También conocimos Ikea y pensé “es mi destino turístico favorito en Suecia”, aunque no es verdad es cierto que todos sus productos son asequibles y seguramente llenan todas las necesidades de muebles y artículos que un ser humano promedio imagina, su factura no es nada mala, de hecho. El shock sucedió cuando consideré comprar y traerme un lindo y barato tapete para la sala que no tengo en mi departamento en Querétaro. :( 

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Por otro lado, pese a que se resiente económicamente el costo del transporte al principio, Suecia es el paraíso del transporte público. El tram es eficiente, es puntual, conecta la ciudad de una manera formidable.

Todas las cosas funcionan, están automatizadas y bajo control, y dejan muy poco espacio para el desastre. Precisamente es el desastre algo en lo que he pensado mucho estos días.

También sigo asombrada por la regulación de la publicidad, no existe contaminación visual en las calles, ni en los postes, ni en los edificios, ni en los establecimientos, ni en el transporte, más que lo estrictamente necesario: nombres y horarios y señalética. De hecho, la mayoría de la propaganda en las calles justo ahora es política porque en una semana habrá elecciones, y se rumora que va ganando terreno el partido de extrema derecha integrado por personas que fueron neonazis en su juventud, derivado de algún tipo de efecto trumpiano en Suecia: racismo y xenofobia.

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Estamos preocupados por el dinero.

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Todos los días subimos a Angered en donde Nando tiene que coordinar su exposición y un taller de serigrafía. Batallamos ligeramente por el idioma, pero nuestro inglés es aceptable para lo que requerimos, profundizar en una conversación más intelectual aún es un reto.

Ayer borraron el muro que hizo Nando en el centro cultural de Angered en 2014, fui a registrarlo un día antes, era muy bello, de lo poco que puedo ver de cuando Nando pintaba.

Sigo despertándome antes de las 5 de la mañana, creo que eso no va a cambiar pero ya me estoy acostumbrando.

Me malhumora un poco que todavía no he podido comprarme los rollos de fotografía. Después reacciono de que eso no es mas que pura vanidad, por querer contar con imágenes el lugar donde estoy, y me vuelvo a decepcionar de mi, de todo, de este siglo: lo de siempre.

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Jueves 6 de septiembre

Hay horas en que lamento tanto no ser bonita, y me reclamo por sentirme afligida. Finjo sorprenderme y necesito hacer un ejercicio de honestidad conmigo misma. Hoy por ejemplo en el tram vi a una chica que tenía unos enormes ojos con estrabismo y me pareció muy hermosa. Cuando miraba hacia un lado uno de sus ojos se adelantaba al otro mucho tiempo antes, en vez de apenarse sonreía: la quiero dibujar.  

Fui a buscar una tienda de fotografía en Mariaplan, que me recomendó una chica en el festival de Ringon, y así fue como llegamos a Majorna, un barrio lindo de Gotemburgo después de darme cuenta que el centro puede llegar a ser aburrido y caro. En Majorna parece haber más movimiento, y hay más jóvenes, fresas supongo; hay establecimientos, librerías, muchos vinilos, second hands menos interesantes pero las casas y las calles son lindas. Hay menos personas viejas que en otras áreas de Gotemburgo.

Volviendo a Ringon, eso fue el caluroso domingo pasado, hubo un festival cerca del río, es una zona industrial, la gente que lo organiza hizo venta de garage, de comida y levantaron un pequeño escenario y en lo que sería la pista o explanada colocaron sofás y muebles, con sus respectivos tapetes y aires vintage, que pertenecen a la second hand de Smyrna para que uno se sentara a comer o escuchar la música. Escuché una banda de chicas que se escuchaban entre rockabilly y punk muy riot y después los italianos Francesca e Luigi que traían una onda tipo The Knife, sus vestuarios eran increíbles.

Ahí mismo había dos galerías, una realmente mala y la otra sí valía la pena, tenía cuatro exposiciones poco excepcionales: dos instalaciones y dos de fotografía de las cuales la de Lotta Antonsson me encantó.

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La expo de Nando es este sábado y ya está todo listo y montado.
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Hemos comido cuatro días seguidos en el restaurante persa que está en Angered, a un lado de la galería, un día fue un guiso de carne con condimentos y hierbas verdes, jocoque con mucho ajo (?) y arroz salvaje, otro día boloñesa y el otro cordero, con un pan delicioso, ensalada y café incluido. Traducido en pesos, en México sería un despilfarro.


Lunes 10 de septiembre

El viernes, un día antes de la expo de Nando, conocimos a Talía, la chica mexicana que le ayudaría a traducir directo del español a sueco para la inauguración. Quedamos en verla en Järntorget y de ahí fuimos a un café llamado Santo Domingo, donde (léase con voz de secreto) tienen un vinilo soundtrack de Twin Peaks de los 90s y que intentaré ir a comprarlo cuando paguen y que espero aún esté ahí: en ese café venden una selección envidiable de vinilos.

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El sábado pasado, el 8 de septiembre, fue la inauguración de Nando, estuvo muy bien. Fue una señora cónsul mexicana que se parecía a cualquier señora de Jurica que celebraría su cumpleaños en un hotel de San Miguel de Allende, de hecho lo último es cierto. Estuvieron las organizadoras de la expo, Gloria, otra chica sudamericana y otras personas que han impulsado todo lo relacionado con Angered, Hammarkullen y la integración de exiliados y refugiados.

Conocimos incluso al fotógrafo, alemán, Hendrik Zeitler, unos días antes vi un fotolibro de su autoría que es un ensayo fotográfico sobre Hammarkullen, donde construyó cámaras oscuras donde proyectó el exterior dentro de las habitaciones de los departamentos.
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Miércoles 12 de septiembre

Ahora estoy justo en el taller de serigrafía de Nando, y para el primer ejercicio que consistió en hacer un esténcil y entonces ya dibujé a la muchacha bizca. Después de varios intentos, concluyo que soy mala para imprimir pero eso no lo puedo remediar

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El sábado muy temprano volaremos a Bruselas.




miércoles, 27 de junio de 2018

insistencias remotas

Y otra cosa: ¿vienes a DF este fin?
¿no vienes este fin o el que entra?
¿segura? ¿ni siquiera para ver esa expo de foto inesperada?
¿para atender ese asunto que se adelantó?
Yo ya: o me muero o me voy a la verga de aquí.


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