domingo, 3 de julio de 2016

Aceptación

Veníamos por 5 de mayo, su calle favorita, un poco de prisa y de la mano a pesar de las angostísimas banquetas. Llovía, pero muy poco.

- Dejé de tomar los antidepresivos, desde la semana pasada. Creo que es una buena decisión - dije.

Después, caminando aún de la mano, me sumí en mi voz en off:

- Creo que puedo aceptar que mi cerebro es incapaz de producir felicidad, me siento tranquila con admitirlo y no empeñarme en forzarlo en que aprenda a generar esos químicos con un tratamiento similar a cuando te propones enseñarle a un niño a andar en bicicleta para que después pueda pedalear solito y sin ayuda. Hay muchos adultos que viven sin saber andar en bici y no es tan malo.

Cuando volví en sí, ya habíamos avanzado una cuadra y media.

sábado, 14 de mayo de 2016

La vida no se detendría aunque me afanara en diseccionarla



A manera de anuario, de recordatorio, de hacer constancia de que aquí muchas cosas serán omitidas torpemente, sin jerarquía de relevancia ni orden cronológico, por el simple hecho de que la vida sigue avanzando tan rápido que no podría registrarla. Un año podría resumirse en:

+ Milena se fue y me puse a tono con una noche de lluvia y dolorosas lágrimas,
+ un tratamiento psiquiátrico interminable,
+ aún no encuentro qué actividad me daría de comer con una sonrisa permanente, lo que le dicen "amar lo que uno hace",
+ dormí en las camas equivocadas (cosa que agradezco infinitamente),
+ Virginia Woolf me susurró "inscríbete en ese diplomado de feminismo y literatura universal",
+ hice un enorme ramo de flores que recolecté en el campo de Huimilpan,
+ las fragilidades emocionales han sido sanadas por el amor que creí reservado para los privilegiados y ahora estoy en ese afortunado grupo,
+ casi dos años viviendo en una ciudad que ya parece más mía que para unos cuantos originarios,
+ tianguis de chácharas, revistas de los años dorados de la publicidad, viniles y fotografías de probables muertos que celebraron su boda en Praga,
+ mi ternura por el film sobrevive y me da momentos de tranquilidad e imágenes que atesoro no por buena fotógrafa sino por gran aficionada a originar cosas que puedan verse desde mi alma impalpable,
+ hice unas fotos en un lugar que ya no existe,
+ sigo leyendo de la desgracia cursi,
+ también me tatué un verso de Pizarnik,
+ el orgullo de haberme negado a proposiciones amorosas (solo las sexuales bienvenidas) para reservarme al indicado: sí, orgullo,
+ valorar mi trabajo aunque me haya sumergido en una fase de jodidez al menos temporal;
+ mi cuerpo, por el amor, ha resuelto el corto circuito que no le permitía encender y energizar hasta la última punta de todas mis extensiones,
+ conocí el cine de Roy Anderson,
+ después de tres años volví a tener una melódica,
+ nunca he estado más segura del amor de mi familia que entre más extensa es la distancia más grande se vuelve,
+ sigo bailando para decir que soy feliz,
+ sigo amando para decir cuán afortunada soy de retractarme y de traicionarme diariamente,
+ sigo viendo Annie Hall cada que mi síndrome premenstrual se acentúa para anticipar bobamente todos los chistes de Allen,
+ este año no descubrí nueva música porque sigo escuchando los mismos álbumes de Arcade Fire y Beach House, y expresándome en las redes sociales con gifs de Anna Karina,
+ sigo desmayándome cuando estoy totalmente sola,
+ ya no me veo en los espejos sino en los retratos que me hacen,
+ me hice fan de la nieve de chongos zamoranos,
+ registré los techos que me hicieron sentir frío y desprotegida,
+ me aseguré, en ocasiones, de que nadie pueda escribir como yo,
+ conocí el desamparo de la bisexualidad y los encuentros casuales,
+ asistí a una terapia de 12 horas de carretera,
+ trabajé en un bar hasta atentar contra mi salud,
+ ya casi no me da depresión dominical,
+ cada vez descubro un feminismo más honesto desde mi imperfección,
+ estoy a nada de lograr pronunciar la rr,
+ me siento, a pesar del dibujo, feliz.

viernes, 27 de febrero de 2015

Milena

1.
Me mostró un antiguo libro de texto de geografía que compró en una librería de viejo, frente a la iglesia que colinda con su azotea. Es una edición del siglo pasado o de posiblemente más atrás, no recuerdo, está escrito en un formato didáctico de pregunta y respuesta desde la primera a la última página, tiene mapas con historias de caducidad vencida que ostentan colonias en América aún, adornan bellas casi monocromáticas ilustraciones destinadas al grabado; circunscrito religiosamente al método de enseñanza de un tal afamado profesor Smith.

2.
Desearía amarte y que me amaras, tener las palabras lindas para seducirte, las que quieres oir en vez del silencio derivado de la depresión que ya tiende a aburrirte. Pero mis emociones están podridas y tú tan lejana a mi ideal anatómico; aún así, lo supera la cadencia cuando caminas, y cuando bailas, y la facilidad de tus besos que alimentan mi carencia de contacto humano. Has sabido manejar las distancias apropiadas para mesuradas notas de ilusión, caricias y mensajes que desatan sonrisas cuantificables y espontáneas, suficientes; y eso está bien.

Ardes por turnos en nuestras camas y le has dado adorables motivos a mi infructuosa y anorgásmica existencia. Suficiente es que me dejes introducir los dedos de mi mano en el guante de carne que es tu entrepierna, no importa que cuando cierre los ojos vuelva a asomarse la pesadilla que anuncia la decepción de mi madre, una decepción tras otra, una y otra vez. Poseerte será uno de los mayores regalos de este febrero que me empeñaré en no olvidar y que espero tampoco olvides aunque te canses de esta comunicación encriptada que soy.

He pensado más de una vez en ir al mercado y comprarte flores, y tal vez lo haga cualquier día que recién haya cobrado mi salario, pero no puedo engañarme; la verdad es que aunque me emocionen tus curvas y tus pechos y ¡oh! esa enloquecedora entrepierna: no siento nada. 

Porque con cada beso tuyo quiero creer que nacerá la esperanza de estacionarnos juntas, la una con la otra, en la disparidad de nuestros caminos, pero con cada beso me doy cuenta también que eso es bastante improbable.

lunes, 26 de enero de 2015

Un domingo muy norteño

Siento que debería disculparme por este lapsus de posts de contenido intrascendente. Hoy o ayer, en fin: este domingo acá en el centro del país resultó más tamaulipeco que cualquier otro.

Por la mañana salí dispuesta a no permanecer todo el día encerrada, pretendía ir a ver bazares de antigüedades y chácharas y luego hacer compras domésticas. Pasé por una calle del centro que varias veces he recorrido y vi una pieza que pertenece a un pintor paisano, lo conozco desde niña en mi ciudad natal, me percaté que se trataba de una galería. Asombrada pedí información al respecto, me dijeron ‘pásale, ahí está el maestro' y efectivamente Florián estaba ahí y me saludó con afecto, charlamos brevemente, nos despedimos con gusto. 

Cuando salí, apenas a unos pasos me topé con un paisano tamaulipeco que conocí en una cantina los primeros días que llegué. Fuimos a almorzar y a ponernos al tanto uno de otro, me acompañó en mi itinerario. Fuimos al bazar y a otro paseo de antigüedades, después a un mercado al que me he prometido volver y probar sus exquisiteces como gorda infalible que soy. Hice mis compras.


Volví a casa a dejar las cosas y buscamos un lugar en qué meternos indecisos si café o cerveza. Luego de caminar varias cuadras entramos a un restaurant con un patio cuyas paredes y techos están pintados con motivos art nouveau. Pedimos chelas. En la mesa de enfrente, un hombre joven bebía mezcal, aunque serio y casual tenía un aire distinguido. Unos músicos se le acercaron, intercambiaron palabras y empezaron a tocar: primero aquella canción que dice ‘Tampico hermoso' y después otra de Cuco Sánchez que habla de Altamira.
 

Mi amigo no se aguantó las ganas de preguntarle si era de Tampico como él, después de la respuesta afirmativa y presentarnos como paisanos, el joven se acercó gustoso y se sentó con nosotros sin pedir permiso. Empezamos a platicar exactamente de los mismos temas que hablan tres norteños en tierras queretanas, aderezado con mucha política y versiones alternativas a la historia de México bastantes sensatas; aquel con admirable elocuencia pues es abogado y, después apuntó, hijo de un ex-gobernador de Tamaulipas (inmediato pensé: uno de como los 20 que sembró a lo largo y ancho del estado) y sí, ya viéndolo bien la mismita cara del conocido político. 

La plática siguió amena a excepción de algunos detalles, en todo lo demás coincidíamos: fuera el PRI, los tres votamos por AMLO. Después nos retiramos, me despedí de mi amigo y me quedó este sabor norteño de domingo ya que terminé mis quehaceres y recapitulo acostada en mi cama, en el ínter entre dos cogidas que se aventaron mis vecinos, para variar.
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