viernes, 8 de septiembre de 2017

Agnes

Me conozco casi tanto como a Agnes y lo supé hoy mientras comía en la terraza del corporativo, envuelta en pelaje blanco, abajo del sol tibio, sobre el piso caliente, quieta, con los ojos entreabiertos y hurgando con sobriedad en el plato. Como ella, después de un parpadeo, apretaba los ojos muy fuerte y lento, acto seguido giraba la cabeza sobre el cuello. Así estuve repitiendo lo anterior durante media hora hasta que tuve la certeza de que lo mismo estaba haciendo Agnes en casa de mis papás. Le aprendí muy bien, me enorgullezco de tener tan majestuoso ejemplo a seguir.

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