Veníamos por 5 de mayo, su calle favorita, un poco de prisa y de la mano a pesar de las angostísimas banquetas. Llovía, pero muy poco.
- Dejé de tomar los antidepresivos, desde la semana pasada. Creo que es una buena decisión - dije.
Después, caminando aún de la mano, me sumí en mi voz en off:
- Creo que puedo aceptar que mi cerebro es incapaz de producir bienestar, me siento tranquila con admitirlo y no empeñarme en forzarlo en que aprenda a generar químicos con un tratamiento similar a cuando te propones enseñarle a un niño a andar en bicicleta para que después pueda pedalear solito y sin ayuda. Hay muchos adultos que viven sin saber andar en bici y no es malo.
Cuando volví en sí, ya habíamos avanzado una cuadra y media.
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