lunes, 1 de abril de 2013

CUANDO EMPIEZAS A DISFRUTARLO

Mi apartamento

Uno de mis defectos más incómodos, es aquél de no disfrutar lo que hago u obtengo en el instante que lo logro. El momento de satisfacción tardía puede llegar meses o años después.
Eso me ocurrió con la experiencia de independizarme, las circunstancias cooperaron para ello, pero el factor determinante fue hallar el apartamento perfecto. Me emocionó de tal manera, que no lo pensé más y fui a dejar el depósito en cuanto pude, sí, incluso sin muebles (temía perder la oportunidad de rentarlo). Eso fue hace dos años. Durante dos meses (casi tres) fui amueblando ese encantador piso hasta que finalmente dejé la casa de mis padres, con el inmaduro orgullo de no llevarme la cama y otros muebles, y encargarme totalmente de mi vida.
Me mudé, seguí mi vida, mi rutina, ocupándome de actividades domésticas, a poner atención (que desafortunadamente es poca) a lo que como, a mis horas de sueño, etcétera. Pasaron los meses, decorando a mis posibilidades, con lo que tenía a mano, siguiendo una línea eco-friendly (más por austeridad que por convicción); y un poco menos consciente de lo que se pensaría, empecé a darle forma a mi hogar. Digo poco consciente, porque era como una hormiguita llevando palitos a mi casa, disfrutaba el proceso, pero no visualizaba objetivamente la suma de todas esas acciones, solo me dejaba mover por las emociones y por el gusto de invertir parte de mi salario en un no se qué, como cuando das todo de ti al enamorarte ciegamente. 
Empecé a nombrar los días como "el dia de limpieza profunda a la cocina", "el día de ordenar libros", "el día de acomodar ropa", "el de ordenar papeles y tickets", "el de planear los pendientes próximos", "el día de comer decentemente"...; fue precisamente en "el día de lavar los tapetes" (a un año y medio de vivir sola) que, al volver del lavadero y entrar al apartamento, una emoción me arrebató, me detuve en la puerta y vi lo que veía todos los días, pero ahora con una sensación nueva; contemplé el pequeño mundo que había creado en mi apartamento: todas las posiciones de todos los objetos, todos los colores, todas las luces, toda la atmósfera, cada rincón hablaba de mi, de mis movimientos, de mis manías y placeres. Fue cuando llegó esa sonrisa complaciente que te delata cuando realmente empiezas a disfrutar algo y que muy probablemente lo estás haciendo bien.

2 comentarios:

Alan Forsey. dijo...

en este momento yo estoy en la budsqueda de mi nuevo lugar, me gusto mucho tu blog, saludos Paulina.

eva.erendira dijo...

:) éxito! espero vernos pronto Alan

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