lunes, 18 de septiembre de 2017

Gozo feminista

Me entristece y me da coraje que nos estén matando en este México feminicida, pero por otro lado me gozo en el hecho de que más mujeres se asuman como feministas y practiquen la postura desde lo intelectual hasta en sus acciones.
Hace 15 años era impensable. A mis 14 solía cuestionar un montón de cosas alrededor de los roles de género, de la norma binaria, de los estereotipos, del ser y hacer para complacer a un patriarcado desde que somos niñas, de cumplir con un modelo de mujer con el que no lograba sentirme representada. En ese año empecé a explorar mi cuerpo y, si bien aún no lo aceptaba y amaba, decidí no depilarme las piernas.
Decidí que la belleza no sería un arma para mi crecimiento personal y/o profesional, que no establecería mis incipientes relaciones sentimentales con base a un rol establecido, que no iba a jugar el papel de trofeo para obtener beneficio de algún hombre, que no estaba entre mis objetivos ser aceptada y querida por los chicos vía cumpliendo un estereotipo de belleza y de comportamiento. Estaba convencida que ser tratada bien -como persona, como humano- no es un halago, ni debería ser resultado sólo si cumplía y me ajustaba a la norma machista.
Desde entonces, tan sólo un simple acto como el no depilarme, no maquillarme y manifestar mis ideas me relegó a un lugar muy cruel y hostil (socialmente hablando) hasta entrados los 20 años. Durante la preparatoria y universidad fui un ente solitario que no encontraba eco de mi postura feminista, ni en jóvenes ni en adultos, más que en Simone de Beauvoir, Virginia Woolf y en un par de maestras. Resistí sola.
Años después, de pensar, deconstruirme y actuar sola, de tener dos o tres contactos de personas que pensaban similar, en el 2013 entré a escribir a un blog feminista de origen chileno con un alcance sobresaliente donde conocí a editoras con una perspectiva admirable sobre género. La cosa mejoró, pero no tanto. La sociedad mexicana seguía resistiéndose hasta las entrañas a una urgente visión feminista, como aún lo hace, por más que me esforzara en difundir la ideología artículo tras artículo diariamente por más de un año.
Luego me mudé a Querétaro. Empecé a explorar un poco la cultura de aquí, que es difícil lo admito. Sin profundizar, me di cuenta que los queretanos y las queretanas aman los estereotipos de género. Pero hay excepciones y curiosamente las conocí por Tinder: chicas con postura feminista.
Ya viviendo un poco más en la ciudad descubrí que mientras algunas mujeres influyentes de mi generación se refieren a las feministas como “feminazis” o “femichairas”, las nuevas generaciones traen otro afortunado chip en el que pueden asimilar y comprender los feminismos con claridad.
Este fin de semana, mis redes sociales se llenaron de indignación por Mara Castilla, pero también de apoyo, de conciencia, de sororidad, de argumentos, de determinación para trazar líneas ante las opiniones de “aliados” feministas.
Seguimos viviendo con miedo sí, pero hoy me siento contempladora de un momento que por años soñé con ver, y lo celebro.

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