viernes, 27 de febrero de 2015

Milena

1.
Me mostró un antiguo libro de texto de geografía que compró en una librería de viejo, frente a la iglesia que colinda con su azotea. Es una edición del siglo pasado o de posiblemente más atrás, no recuerdo, está escrito en un formato didáctico de pregunta y respuesta desde la primera a la última página, tiene mapas con historias de caducidad vencida que ostentan colonias en América aún, adornan bellas casi monocromáticas ilustraciones destinadas al grabado; circunscrito religiosamente al método de enseñanza de un tal afamado profesor Smith.

2.
Desearía amarte y que me amaras, tener las palabras lindas para seducirte, las que quieres oir en vez del silencio derivado de la depresión que ya tiende a aburrirte. Pero mis emociones están podridas y tú tan lejana a mi ideal anatómico; aún así, lo supera la cadencia cuando caminas, y cuando bailas, y la facilidad de tus besos que alimentan mi carencia de contacto humano. Has sabido manejar las distancias apropiadas para mesuradas notas de ilusión, caricias y mensajes que desatan sonrisas cuantificables y espontáneas, suficientes; y eso está bien.

Ardes por turnos en nuestras camas y le has dado adorables motivos a mi infructuosa y anorgásmica existencia. Suficiente es que me dejes introducir los dedos de mi mano en el guante de carne que es tu entrepierna, no importa que cuando cierre los ojos vuelva a asomarse la pesadilla que anuncia la decepción de mi madre, una decepción tras otra, una y otra vez. Poseerte será uno de los mayores regalos de este febrero que me empeñaré en no olvidar y que espero tampoco olvides aunque te canses de esta comunicación encriptada que soy.

He pensado más de una vez en ir al mercado y comprarte flores, y tal vez lo haga cualquier día que recién haya cobrado mi salario, pero no puedo engañarme; la verdad es que aunque me emocionen tus curvas y tus pechos y ¡oh! esa enloquecedora entrepierna: no siento nada. 

Porque con cada beso tuyo quiero creer que nacerá la esperanza de estacionarnos juntas, la una con la otra, en la disparidad de nuestros caminos, pero con cada beso me doy cuenta también que eso es bastante improbable.

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